Crear proyectos culturales en tiempos complejos
- Claudio Ovando Leon

- 16 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Hablar de cultura en tiempos complejos no es solo una consigna; es una necesidad urgente para los territorios. En regiones como La Araucanía, donde conviven profundas riquezas culturales con desigualdades históricas, pensar y hacer cultura implica asumir escenarios de tensión, cambio y, muchas veces, escasez de recursos.
Recientemente participé en un seminario sobre residencias artísticas que reunió experiencias de distintos contextos. Lo más significativo no fue el formato en sí, sino una idea que dijo Eduardo Saubidet de Red Quincho que atravesó todas las exposiciones: cuando un proyecto cultural es necesario para el territorio, debe realizarse incluso cuando no hay fondos. Esta afirmación, lejos de romantizar las dificultades, invita a repensar cómo entendemos la gestión cultural y el sentido público de la creación.
En muchos países, los proyectos culturales no dependen exclusivamente de financiamiento estatal. Se sostienen gracias a redes comunitarias, alianzas locales, colaboración interdisciplinaria y una fuerte vinculación con las comunidades. En estos contextos, la cultura no se concibe solo como producción artística, sino como un proceso social, educativo y territorial, capaz de activar diálogos, fortalecer identidades y generar cohesión social.
La Araucanía no es ajena a esta realidad. Aquí, la cultura ha sido históricamente una herramienta de resistencia, memoria y reconstrucción comunitaria. Sin embargo, seguimos tendiendo a medir su valor únicamente en función de fondos adjudicados o programas ejecutados. Este enfoque, aunque comprensible, resulta limitado. Reducir la cultura a los ciclos de financiamiento invisibiliza su verdadero potencial transformador. Los escenarios políticos cambiantes suelen tensionar el campo cultural, especialmente en regiones. Cuando esto ocurre, se vuelve fundamental fortalecer proyectos con arraigo territorial, capaces de adaptarse, articular actores diversos municipios, universidades, organizaciones sociales, comunidades y responder a necesidades reales, más allá de las coyunturas institucionales. Organismos internacionales como UNESCO han insistido en que la cultura cumple un rol clave en el desarrollo sostenible, la participación ciudadana y la cohesión social. No se trata solo de acceso a bienes culturales, sino de la capacidad de las comunidades para pensarse, narrarse y proyectarse a futuro. Desde esta perspectiva, crear cultura es también un acto político en el sentido más amplio: una forma de cuidar el tejido social y el territorio.
Crear cultura en tiempos complejos, entonces, no significa hacerlo sin recursos, sino no esperar condiciones ideales para comenzar. Significa trabajar desde la colaboración, el conocimiento situado y la convicción de que la cultura no es un complemento, sino una dimensión central del desarrollo regional.
Desde La Araucanía, crear cultura hoy es también una forma de imaginar futuros posibles. Y en ese gesto, profundamente colectivo, se juega mucho más que un proyecto: se juega la manera en que habitamos y cuidamos nuestro territorio.







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